MADRE.Me pregunto,
dónde dejaste olvidada tu memoria.
El sufrimiento hizo
qué la colgaras en los árboles del bosque,
donde habitan otros iguales.
Hay espacios que no estás,
hay segundos que no eres,
tu mansión es el umbral,
la sombra y el desamparo.
Cómo entender la vida, la muerte
y la conciencia ignorada.
Las voces de fe y esperanza,
soplan suave,
se las lleva el viento.
No creo lo que dicen,
mi corazón no entiende,
necesita ver crecer los sauces
que lloran tu morada.
Estás en medio del puente,
no avanzas ni retrocedes,
estás quieta,
suspendida.
Mi alma grita desesperanza.
Nadie contesta.
Nadie.
Pitia.
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